El puente Mosconi en las horas pico

El puente General Mosconi que pasa sobre el río Grande para cruzar, desde y hacia la margen sur, es la única vía de comunicación que tenemos. Durante las horas pico, el caos se revive como el fuego.

La primera llama, empieza a las siete y media de la mañana y, en menos de cinco minutos una gran columna de autos se pierde tras la curva y se extiende hasta la confluencia de la entrada a la rural. El fuego se reaviva alrededor de las trece y, entre  las 18:30 y 19 hs. crece otra vez una columna de autos, que se atropellan para cruzar de nuevo el río. La noche parece haber consumido la hoguera, pero al alba, el fuego renace, como el Fénix de entre las cenizas.

Como es de suponer, nadie sale con 40 minutos de anticipación para llegar a su trabajo, sobre todo si se tiene vehículo y, la distancia a recorrer, es de unos tres a cuatro kilómetros. Craso error. Cientos de automovilistas se dan cita tres veces por día en idéntico ritual. Bocinazos e insultos. Primera a fondo para ganar el paso en la rotonda. Ruedas que escarban el asfalto. Correcaminos en contramano, y otros desesperados por la banquina, tratando de recuperar esos diez o quince minutos de retraso.

Entonces, la única arteria para cruzar el río, se tapa. No hay stent ni by pass posibles. La sangre de los automovilistas ha comenzado a levantar presión y, los autos producen el derrame. Avanzan por derecha e izquierda en la fila y se amontonan en la rotonda. Trombosis. Llega una ambulancia para asistir la urgencia coronaria pero queda atrapada en pleno coágulo.

Ha subido la temperatura del lugar en escasos dos o tres minutos y, cuando la gente comienza a incendiarse, se oye la sirena del carro de los bomberos. No pasarán. Aunque se esté quemando una vivienda. El puente es muy estrecho y colapsa. De idéntica manera, paramédicos ni policías cruzan. Nadie podrá asistir a un accidentado u enfermo para trasladarlo al hospital. Nada puede hacer defensa civil, y decide quedarse mirando como sube la marea, sin sospechar, que no es agua, sino gente, que está rebalsando a orillas del río tras el puente.

La gente acude a las paradas de los colectivos, una hora y media antes de lo previsto. Saben que -aparte de la deficiencia del servicio- el colectivo respetará la media hora de cola que se forma para cruzar el río y, que si los agarra el tapón en el puente, perderán el presentismo, u oirán el descontento de sus jefes y, otros, acumularan una nueva media falta en el boletín de la escuela. Así las cosas, está naturalizado el hecho y, nos cuenta un vecino en la parada del colectivo “Solo queda ser muy madrugador y boyar media  hora en el centro,  o llegar media hora tarde al laburo”.

Si “El puente” pudiera pensarse a si mismo quizá, se multiplicaría, como lo hacemos los seres humanos. La realidad es, que a este puente multiplicado, solo podemos pensarlo nosotros, los usuarios. Pero la materialización de ese pensamiento es, una decisión política. ¿Faltará mucho?.


 

 

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