MALVINAS "Eran órdenes. Si decían negro, era negro"

Entrevista a María Lokvicic

P: ¿Qué edad tenías cuando fue la guerra de Malvinas?

María: A ver, yo soy del año 72, nueve/diez años.

P: ¿Tenías conciencia política de lo que pasaba en el país?

María: No en absoluto, para mí el 2 de abril fue una sorpresa, a las diez de la mañana suspendieron las clases y nos avisaron que teníamos que volver a los hogares. Nos comentaron algo así de la recuperación de Malvinas, pero ni siquiera teníamos conciencia de lo que era Malvinas, ni de que era una isla y que estaba muy cerca de acá, de Río Grande, nada de eso.

P: ¿La TV mostraba lo que sucedía en torno a Malvinas?

María: Si obviamente el canal estaba constantemente, así como la radio, sobre todo la radio… pero sí, veíamos todo lo que mostraba ATC en ese momento. Las colectas, los discursos, los comunicados…

P: ¿Acá se replicaba esa situación que pasaba en Buenos Aires, es decir, que la gente salía a la calle a gritar viva Galtieri, vivan las Malvinas, mueran los ingleses?

María: No, si fue, no lo supe. Me parece que en el 82 como antes, había mucha discreción en esto de las manifestaciones públicas.

P: ¿Y a nivel vecinos cual era el comentario; vamos a recuperar las Malvinas, que se decía?

María: Y mirá, la situación como vecinos era un poco extraña para nosotros porque en realidad mis vecinos eran chilenos, entonces había neutralidad o silencio. Nosotros veníamos del 78, hacía poquitos años del conflicto limítrofe, entonces todo lo que tenía que ver con estas cuestiones políticas no se hablaba, parece que era una forma de mantener la calma y la paz, creo, en casa al menos, no.

P: ¿Dónde estaba ubicada tu casa?

María: Mi casa estaba muy cerquita de la entrada del BIM, a menos de 100 metros y también a menos de 100 metros del cañón que recuerdo que en todas las fechas patrias, disparaban balas de salva o bombas, creo yo que eran de salva, no sé… disparaban el cañón y estaba acostumbrada a ese ruido; 9 de Julio,  después 2 de Abril y así.

P: ¿Qué cosas fuertes recordás de la época que te hayan marcado, que te hayan dejado temor, miedo, que digas, esto me asustaba…?

María: Y, por ejemplo, esto de que lo que hasta ese momento considerábamos, creo, la mayoría de los habitantes de la ciudad, que el BIM era un lugar que estaba relacionado con la cascarilla y con las facturas en las fechas patrias, o con ir al cine de vez en cuando, y uno podía ir a ver, sobre todo películas para niños, de pronto empezaba a ser una figura que un poco amedrentaba. De pronto ver pasar por el frente de tu casa las tanquetas, que se multiplicaba, porque eso era algo que antes se veía de vez en cuando… o tener guardias armados en las dos esquinas, o que te vinieran a golpear la casa para decirte que se asomaba una luz, que taparas bien o que apagaras, porque bueno, llegaba la noche y cuando había apagón no podía salir ni una sola luz.

P: ¿Había una restricción horaria para estar en la calle?

María: En general estaba naturalizado, en casa estaba  oscuro, había que estar adentro, yo creo que venía ya eso de un tiempo antes que estaban restringidas las salidas nocturnas. Pero hubo un par de ocasiones en particular que hubo toque de queda, todo el mundo se metió en su casa, cortaron la luz, y se escuchaba la sirena del batallón, la verdad es que es un recuerdo bastante… ¡no me lo olvido más! El ruido de la sirena, me acuerdo que yo abrí la puerta de casa y me asomaba y miraba el cielo, es como que sabíamos, porque nos decían en la escuela, es decir, nos empezaron a aleccionar en cuanto a esto… de que manera teníamos que protegernos si había una ataque y demás entonces  al escuchar la sirena y de pronto que se cortara la luz… me acuerdo que fue un domingo a las ocho de la noche, estaba mi mamá planchándome el guardapolvo para el otro día, fue lo del apagón. Yo me asomé a mirar porque me imaginaba que ahí arriba debía estar circulando algún avión o en cualquier momento iban a empezar a bombardear, como estábamos ahí cerca del BIM sabíamos que era un blanco digamos... posible, así que fue de mucho miedo.

P: ¿Los aviones durante la guerra de Malvinas venían a reabastecerse de combustible acá a Río Grande?

María: Sí, había muchísimo movimiento de los Mirage que pasaban y parece que te volaban el techo, también se veían los otros, no me acuerdo… ¿Pucará? Pero sobre todo uno se acuerda más de los Mirage porque era un ruido… ¡atronador! Y después esos vuelos se hicieron más esporádicos, venían por ahí cuando había alguna actividad especial de entrenamiento y demás pero para el 82 era constantemente. Yo digo que nos quedaron marcas a nosotros en la zona de Río Grande,  las “casamatas” –las trincheras- que durante varios años se conservaron, había trincheras desde el barrio Profesional hasta la Misión. Cuando éramos chicos después del 82 nos metíamos a jugar y demás, todavía sin conciencia de todo lo que había implicado eso… Seguramente ahí hubo soldados esperando ver una luz o esperando una orden porque sabíamos que se esperaba un posible desembarco, por eso estaban todas esas trincheras casi como un rosario entre el Cabo Domingo y la zona de Chacra.

P: ¿La población acataba las órdenes de los militares?

María: Eran órdenes. Si decían negro, era negro. Si decían que había que tapar las ventanas, las tapábamos. En casa éramos todas mujeres; yo, mi abuela y mi mamá.

P: ¿Cuándo terminó la guerra hubo una sensación de alivio?

María: Habíamos vivido mucha tensión, circulaba la idea de que éramos el sitio a partir del cual se iba a instalar una suerte de recuperación del territorio. Se hablaba también de la complicidad chilena, que había helicópteros británicos que se abastecían en Punta Arenas, y como habíamos tenido el conflicto del 78, suponíamos que lo natural, era que terminaran viniendo por nosotros. A pesar de que los medios nacionales hablaban de que estábamos ganando, la realidad es que había mucho miedo.  Yo de chiquita pensaba ¿Si nos invaden, a dónde nos tendremos que ir a vivir, a Río gallegos…? Eso pensaba de chica. Entonces cuando se anunció que habíamos perdido, todavía quedó un temor, por que se suponía que podía aparecer la represalia, sentíamos que nosotros íbamos a ser los candidatos a un intento de revanchismo.

P: ¿Si te hubieras podido ir durante la guerra, lo hubieras hecho?

María: Que tema ese. Mucha gente se fue, sobre todo los que tenían poder adquisitivo. Yo sentí en ese momento una suerte de condena social. Nosotros no teníamos familia en ningún lado ni un ingreso familiar que nos permitiera trasladarnos a ningún lado. Estábamos condenados a aceptar lo que sucediera. Esas cosas pensaba yo con ocho años, si nos invaden los británicos, ¿Qué vamos a tener que aprender a hablar inglés? Me lo preguntaba.


 

 

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