Los Trepatt, hombres que nacieron para los fierros

Otro de los ejemplos que Prensa Fueguina citó para este 1° de Mayo, fue la familia Trepatt, una famila de mucho trabajo y con una relacion muy cercana a los fierros. 

Don Coco Trepatt solía decir “hay cosas para las que se estudia y otras para las que se nace con talento” y, si bien empleaba esa frase en momentos donde las circunstancias no mostraban justamente el talento de sus hijos, tenía mucha razón, pues parece que el destino de los hombres que lo continuaron venia marcado por aquello que cultivó en ellos desde sus más tiernas infancias.

Rubén, Hugo, Víctor, Juan José y Raúl, crecieron entre los fierros en Bovril, un pequeño pueblito de Entre Ríos, haciendo marchar la empresa de Julio Götte, un importante empresario rural de la zona de La Paz, a escasos kilómetros de la capital entrerriana. La triste partida de Don Coco y la necesidad de nuevos horizontes los  empujaron uno a uno a abandonar Bovril y todos tendrían por destino el mismo lugar, Nuestra hermosa Rio grande.

El primero en llegar fue Rubén, quien decidió abandonar su pueblo convencido por su hermana Alicia, quien todavía sin cumplir 20 años ya trabajaba en el rubro textil a mediados de los ochenta en Rio Grande. A los bueno augurios de trabajo y prosperidad se les antepusieron difíciles años, donde las inclemencias del extremo sur en más de una ocasión les hicieron titubear sobre el acierto de su decisión.

“Vivíamos en una casilla en la calle Once De Julio, todavía era todo Barro, no teníamos calefacción, solo el horno de la cocina y cada vez que llovía se nos llenaba todo de agua, fue muy duro”, recuerda Alicia.

Rubén inicio su incansable derrotero laboral en las instalaciones de Ángel Giobi, como mecánico de utilitarios Mercedes Benz, allí trabajó varios años hasta que la crisis económica a mediados de los noventa hizo quebrar la  firma, en forma paralela, se desempeñaba en el taller de Tecni-Austral, dedicada  al transporte de pasajeros entre Rio Grande y Ushuaia y al alquiler de utilitarios para empresas petroleras. Apenas iniciada la década del 90, arribó a la isla su hermano Hugo, un personaje que no ha pasado desapercibido en la vida de ninguno de los que ha tenido contacto con él.

El Huguito, un cabeza dura nato, mecánico, soldador, plomero, carpintero, y si hubiese tenido la oportunidad médico también, se caracteriza por su lógica del martillo y su frase de cabecera, “va a andar o va a andar”, frase que siempre pronuncia cuando lo desquicia un problema y que sin dudas tiene su fundamento, pues no se ha ido jamás un vehículo de su taller sino marchando. Los dos hermanos, a través de un arreglo con Sergio Bello, dueño de Tecni-Austral, dieron inicio a los que sería luego la empresa familiar, ya que “mientras tuvieran al día la flota de Tecni, Podían utilizar el taller para realizar sus trabajos”, cuenta Rubén.

Poco tiempo después, llegó a la isla Juan José, quien ya había hecho una visita en la que trabajó en la cocina de FAPESA. Su juventud y las dificultades de la isla le hicieron volver a Bovril, pero no tardó mucho en reconocer que el futuro que esperaba para si estaba en Tierra Del Fuego.

Juan José es tal vez el más teórico de los hermanos, ese que sin tener los conocimientos mecánicos de Rubén ni la personalidad avasalladora de Hugo, logró poner un orden a la triada. La capacidad de Juanjo para los números y el manejo empresarial, les traería a los hermanos una gran prosperidad en nuestra ciudad. Con Juan José comandando la empresa, los hermanos emprendieron la puesta en marcha de su propio taller mecánico, aquel que estuvo ubicado durante largos años allí en la intersección de Finocchio y Colón. “tuvimos la oportunidad de poner el marcha el taller de Colón porque el galpón se había venido a menos con la nevada del 95` y como Juanjo tenía buena relación con el dueño, nos ofrecieron el lugar. Además, Hugo se había peleado con Kuky –Sergio- Bello, así que no nos quedó otra que pensar en cómo seguir por nuestra cuenta en otro lugar”, comenta Rubén.    

Con el taller funcionado, para mediados de los noventa, ya habían arribado los dos hermanos menores, Víctor Y Raúl.

Durante esos años, el enorme galpón de Mecánica Trepatt estuvo siempre colmado de trabajo, siempre dedicados a su especialidad, los camiones, pero también con lugar para algunos autos particulares y hasta para preparar autos de carreras. Nadie olvida las largas noches que pasaba el equipo preparando aquel Gol blanco que conducían “Kuky Benítez” y Julio De Franchesci, con el que recorrieron varios años del calendario de APITUR y un par de ediciones de la hermandad.

El taller de los Trepatt es un lugar de puertas abiertas, sus instalaciones y herramientas eran de uso común a muchísimas personas y cualquiera con ganas de “meterle mano” a su auto disponía de un par de llaves y una fosa para por lo menos hacer el intento. Todo allí pasaba por mantener en marcha a varias empresas dedicadas al transporte de pasajeros y pulir el funcionamiento de las máquinas de muchos camioneros locales y de otras provincias, que aguardaban a llegar a la isla para contar con el servicio de los Trepatt.  Empresas como Alisur, dedicada al transporte del personal de las fábricas y Transportes  Azpeitía, del gringo Horacio, quien tristemente partió hace algunos meses, dieron sus primeros pasos acompañados por los Trepatt, en un ámbito que siempre estuvo más cerca de ser una familia que un negocio. Rubén cuenta, “La finalidad nunca fue hacer plata, sino solucionar problemas, tratábamos de colaborar entre nosotros y vivir de lo que nos gusta, lo fierros”.

La crisis económica de 2001 hizo insostenible seguir manteniendo las instalaciones de Colón y Finocchio. A la par, Hugo sufrió un accidente cerebrovascular que lo dejó sin trabajar por al menos dos años, durante los cuales Rubén Y Juan José quedaron solos al frente del taller, ya que con la merma en el trabajo, Víctor y Raúl decidieron desempeñarse en la empresa de transporte Fines. Muy apenados, los Trepatt abandonaron aquel galpón que les había dado tanto.

Sin embargo, el traspié no fue para nada el fin de la historia. La recuperación de Hugo y la nueva situación económica del país a partir del 2003, los pusieron de nuevo manos a la obra, esta vez en un galpón que los hermanos se procuraron con ayuda del municipio, en Sarmiento 2626. El lugar se hallaba destruido, abandonado hacía al menos 20 años. Todos juntos, con la colaboración de una importante cantidad de clientes conocidos y amigos, pusieron manos a la obra y al cabo de unos pocos meses ya se hallaban trabajando de nuevo.

El taller de los Trepatt es un punto de encuentro para los trabajadores, durante años, el mítico asado de los viernes agrupó a los más anecdóticos personajes vinculados al transporte, la mecánica y el trabajo en las petroleras. Don Velázquez –Comeluche para los amigos-, el negro Dino Almada, Julio De Franchesci y Luis Benítez, el pelado Orellano, Fernando García, Horacio Azpeitía y su amigo entrañable el Tucu Saiman, José Méndez, Daniel Audisio, Kuky Bello, Juan y Marquitos Pérez, Gustavo Barría, Víctor “El Flecha” Valdez, Laurentino Adorno, Néstor Rodríguez, Daniel Díaz, el chango de Tecni, el sargento Miguel Avellaneda, “El Enano” Bentancourt, el negrito Valverde, el  gordo Flores y pedrito Griseño, son solo algunos de los amigos que dieron su paso por el taller y  que Rubén recuerda entre otros tantos que sabe que olvida.  “ha pasado tanta gente…y de todos tengo lindos recuerdos. Me gustaría decirte los nombres de todos, pero estaríamos hasta mañana”, declara Rubén en medio de un esfuerzo por recordar nombres.

Los Trepatt no son gente muy adinerada, pero han logrado en su camino algo mucho más valioso, el reconocimiento de todos los que los conocen como personas trabajadoras y de bien. En el día del trabajador, Prensa Fueguina les brinda su más sentido Homenaje.   


 

 

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