“Te ibas haciendo solo. Estábamos muy aislados acá”

Nacido en Comandante Luis Piedrabuena, Roy Ormiston llegó a Río Grande para hacer un reemplazo laboral durante un año y hoy, hace 62, vive en la ciudad. Junto a dos amigos fundó el almacén “La Estrella del Sur”, que funcionó durante 30 años, hasta el ’88. “Me quedé uno, dos, tres años y ya me quedé; nadie quería venir”, recuerda.

La vida de Roy Ormiston podría definirse como una de arduo trabajo: egresó de la escuela a los 14 años en su Piedrabuena natal, consiguió trabajo a la semana en el supermercado La Anónima y, a los 30, fue trasladado a Río Grande, donde tres más tarde decidió iniciar otro camino con un emprendimiento propio.

“Vine a hacer el reemplazo de una persona que había que trasladar. Como era el más joven del staff de la empresa (La Anónima), me pidieron que venga. La gente era dura para venir y me convencieron con la promesa que me iban a sacar al año”, resume Roy.

¿Cómo era el pueblo de Río Grande?

“Era pequeño, de unos 1300, 1400 habitantes. Todo descampado. El fuerte era la ganadería y después llegó YPF.  Ahí empezó a agarrar un poco de vuelo todo”, cuenta Ormiston, quien menciona a Casa Raful, Casa Ibarra y su propio trabajo como los únicos comercios de la época en la ciudad.

Su vida transcurrió entre La Anónima y un hotel donde residió en sus primeros años: “Fui a parar a un hotel, dormía y comía ahí. Después un amigo me llevó a su casa a compartir, en 9 de Julio y San Martín”.

“Te ibas haciendo solo. Lo único, que estábamos muy aislados acá. Nos comunicábamos poco por teléfono, era todo correspondencia. El correo, la libretita con la estampilla era lo que más se utilizaba y cuando empezó a venir el avión todos los días, se agilizó”, describe en relación a los medios para contactar a su familia.

¿Entretenimiento?

“Habían fiestas, bailecitos en los clubes a los que iba todo el pueblo. Nunca había problemas, era todo familiar”, cuenta Roy que menciona entre esos lugares al club San Martín, el club Social y una cantina ubicada en Lasserre y Belgrano.

Entre los 60 empleados de La Anónima, Roy formaba parte de los seis que permanecían en la oficina: “Trabajábamos hasta 12 horas. Hacíamos todo a mano: libros, papeleríos”.

Cumplido el año pactado, el presidente de la compañía se comunicó con Roy: “¿Dónde estás vos? Usted tenía que estar en otra sucursal. Pese a que quería regresar por su familia (compuesta por ocho hermanos), Ormiston respondió que su relevo nunca llegó y continuó en el norte fueguino.

Los días de oficina se terminaron en 1958: “Llame a la familia de Eduardo Minor. Llamó también a otra persona y entramos en una sociedad”, relata Roy sobre el flamante almacén de ramos generales “La Estrella del Sur”, que surgió ubicado en la calle Rosales, entre Comandante Luis Piedrabuena y Avenida Belgrano.
“Vendíamos verduras, aceite, harina. Había mucho viajante de las grandes empresas distribuidoras como Molinos Río de La Plata” resume Ormiston de un comercio que duró 30 años, hasta que las grandes empresas pisaron con fuerza en la isla: “Llegaron los monstruos y nos reventaron. Antes fiábamos, pero salieron las tarjetas de crédito y repartían a todo el mundo. Nos cambió la vida”.

El arribo de Nestle y Sancor, entre otras tantas que ofrecían ventas al por mayor y precios bajos, resultó determinante para el cierre de los pequeños almacenes, que también abastecían a las estancias: “Ya no podíamos competir. Habían muchas diferencias y el público se fue derecho a las (empresas) grandes”.

Hasta ese entonces, “La Estrella del Sur” hacía, incluso, servicio a domicilio: “Levantábamos pedidos por las casas. Teníamos el camioncito y hacíamos repartos. Cajones llenos de mercadería, para 15 días o el mes. La gente calculaba hasta dónde llegaban sus necesidades o podían comprar. No se compraba por comprar”.

Pese al cierre de su comercio, Roy nunca eligió volver de forma definitiva a la provincia de Santa Cruz: “Diez años después de mi llegada a Río Grande volví a Piedrabuena por primera vez”.

Las coincidencias entre uno y otro lugar colaboraron para la adaptación: “Era un pueblito como este, había muchísima ganadería, como toda la Patagonia, San Julián por ejemplo”.

Roy culminó su vida laboral en la década del ’90: “Después de La Estrella del Sur estuve en la estancia José Menéndez, en el 92. Después la vendieron y me fui. Ahí hacía trabajo de administración. Estuve 4 años. Ya tenía 70”.

Ormiston, el cuarto de los ocho hermanos que crecieron en Piedrabuena, continúa viviendo en Rosales al 600, donde reside junto a otra familia.

Antes, casi 50 años lo ligaron al comercio, y particularmente 30 de ellos le dedicó a “La Estrella del Sur”, el almacén de ramos generales que vio el ocaso en 1988.

 


 

 

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