"Río Grande, fue la oportunidad de ser mi mejor versión"

Nacer en un cuerpo no aceptado, no querido es mirarse al espejo y no verse, no reconocerse como uno en verdad se siente. En esto de andar las calles de Río Grande, la vida nos encontró con Valentina Báez quien desde pequeña se suma a los “VyQ” de la ciudad, con una historia a cuestas digna de ser escrita y contada.

A comienzos de este 2018 nace Valentina luego de 33 años de espera, un largo transitar, un lugar que acompañó el proceso y como ella lo define le dio la posibilidad de ser quien verdaderamente es. Te invitamos a leer su historia.

Bajo el DNI de Roberto Andrés Báez y Gabriel Alejandro Báez, nacen en la provincia de Buenos Aires los gemelos de una familia conformada por un total de cinco hermanos “En mi familia yo tengo muy presente el recuerdo que cuando éramos niños, éramos el tema de conversación,  se preguntaban qué hacer con nosotros, porque éramos dos niñas, y yo recuerdo esos momentos entre hermanos, mamá y papá y por ahí a forma de gracia o chiste ellos jugaban con eso y también entiendo hoy a mis 33 años que era su forma de tratar eso, de sobrellevarlo, porque había mucho mandato familiar, mis hermanos súper machistas, mi mamá, entonces era desde la religión, vos vas a ir al infierno, eso era así y el tema era el día de mañana cuando creciéramos que iban a hacer, nos vamos a ir a vivir a otro lugar y los vamos a acompañar. Pero había que ocultarnos, sabían que eso iba a pasar pero mientras tanto el plan era ese ocultarnos, e inconscientemente creo que fue lo que pasó, nos llevaron lejos de nuestro cotidiano, en el afán de cuidarnos mamá hizo lo que consideró y acá estamos en Río Grande desde entonces y a partir de ahí fue completamente diferente, fue como vivir en un cuento”. 

Esa dicotomía entre lo que uno siente y las apariencias “El día que me hizo el clic en la cabeza fue cuando tenía 6 años, en la primaria, recuerdo que estábamos en una ronda en educación física, todos los compañeritos y  en frente mío estaba Fabricio mi mejor amigo de la infancia, recuerdo que yo me cruzo a donde estaba él, me agacho y le doy impulsivamente un beso en la boca, algo espontaneo que me salió en ese momento. Me acuerdo que mi profesor me retó, me mando a dirección, y yo en ese momento no entendía nada, me asusté, me angustié, me pregunté qué hice, si hice algo malo. Y todos buscaban la explicación de por qué en ese momento había hecho eso y llamaron a mis papas y me mandaron a terapia, la terapeuta me pregunto porque yo creía que estaba ahí con ella y qué pensaba yo de esa situación y recuerdo que a partir de ese día dije, yo actuó, no puedo ser como siento que soy”. “Verdaderamente si soy ante el resto me van a rechazar, porque era lo que había pasado, entonces dije voy a empezar a actuar como eran los demás niños, me acoplé a eso, actuaba a ser de Rob, sabiendo que siempre me había sentido Valentina, entonces yo viví casi toda mi vida inclusive de adulta como Rob, a partir de ese momento actuaba, hacia de varón y ahí empecé a notar que a mi hermano gemelo, le hacían mucho bullyng, porque él por mas que no quería él era él”.

La adolescencia y los cambios “Durante nuestra adolescencia yo era un rebelde, tenía un grupo de amigos, porque hasta con mi familia me sentía un bicho raro, nosotros teníamos un hermano adoptivo  que era gay y en ese momento esa representación de su vida ligera, no me gustaba, entonces decía si yo soy gay tengo que ser así, y a su vez en el barrio había una travesti cuando teníamos 13 años más o menos y tampoco quería ser como ella, yo decía se está disfrazando de mujer entonces lo que hacía era reprimir, y los tapaba con lo que podía, salía con amigas, me hacia el macho, y hacia lo que me salía en ese momento”.

“A mis 23 años sentí la necesidad de decirle a mis padres lo que sentía, lo que me pasada y no sabía cómo decirles y lo primero que dije es que me tenía que ir, y cuando me fui y sentí que podía con mi vida, así que así fue empecé a planificar, planificar irme, hacer mi vida y lo hice”.

Hasta el año 2016 Rob estuvo en pareja con otro hombre, a quien denomina el gran amor de su vida, pero un giro inesperado en su vida que comprometió severamente su salud hizo replantearse su situación actual “Había llegado el momento en que esas dos vidas no podían convivir mas, yo me enfermé, me agarró un virus intrahospitalario  y estuve muy complicada, pensando que yo me podía ir en cualquier momento y nunca había sido yo. Entonces dije no, voy a arriesgar y siento que voy a perder al gran amor de mi vida, pero yo no podía seguir viviendo de esa manera, necesitaba ser verdaderamente yo”.

En aquel contexto se había encontrado cara a cara con la disforia de género "Yo no sabía con certeza que era, tenía una idea, estudiando psicología, conocimientos básicos tenia, pero siempre me sentía así, había una realidad de llegar al punto de que me moleste mi aparato masculino, sentía rechazo de mi propio cuerpo y era así, Valentina necesitaba salir, estaba como tapada, oculta, al principio necesitaba entender, y como mujer no podía sentirme cómoda, era decir otro día mas actuando de Roberto para ir a trabajar y era así. En la cirugía de resignación de género se descubre que era hermafrodita, mi aparato reproductor interno es femenino, tenía los dos sexos”.

El proceso a la resignación de género lleva mucho tiempo, muchos estudios médicos, largas sesiones terapéuticas, todos y cada uno de los espacios que la ayudaron a construirse supo valorarlos a pleno “Investigue, me preparé, busque información por todos lados y dije es posible, es posible hacerlo y es  posible vivirlo, yo puedo, me acuerdo que se lo plantee a mi terapeuta primero, hice terapia con una psiquiatra, después fui a la endocrinóloga, me hice los estudios que tenía que hacer y a partir del día en que tenía que tomar las hormonas, fue como decir listo acá está, los primeros meses fueron difíciles porque era como vivir una nueva adolescencia, mi cuerpo cambiaba, la voz, el pelo, todo tu entorno porque yo me sentía que no podía pasar por el rechazo nuevamente, yo tenía que enseñarle al resto, a mis compañeros porque trabajo mucho y la mayor parte de mi vida está en el ámbito laboral, enseñarles que yo era Valentina y no era un extraterrestre ni había bajado de otro planeta y siempre fui Valentina”

La mirada del otro es una de las cuestiones a trabajar fuertemente “Había quienes lo podían ver y tuvieron la amabilidad de tratarme así y quienes no también y se negaban al trato, y a mí no me molestaba porque no me conocían y si yo pretendo que me entiendan a mí y que me acepten yo también tengo que hacer ese trabajo de aceptar al otro como es y así es la vida, la sociedad es así. Y mi forma de contribuir a ese cambio de mentalidad era que cuando se me acercaba y me preguntaba porque me veía diferente, más femenina, ahí yo les contaba mi historia, mi nombre, mi transición de hombre a mujer y me encanta que me lo pregunten porque es una forma de enseñar, lo único que cambió en mi es el sexo y genero, el resto siempre fui así, directa, colaboradora, compañera, mis compañeros de línea me ayudaron mucho siempre fueron muy respetuosos.  Y el tiempo me dio la seguridad, y entendí que quizá vine a cambiar desde ese lugar el entorno, que se pueda comprender que no siempre las cosas son como se ven”

El día que llego el nuevo DNI “Yo hacía como tres o cuatro meses que había empezado con el tratamiento de hormonas, empezaba a vivir la vida como la sentía, era mi sueño. Valentina llega a mí en un sueño, ya había arrancado la transición y recuerdo que soñé que me iba de viaje a otro país y cuando llegaba me reciben y me dicen, bienvenida al país Valentina Baez, y estaban todos, mi familia, mis amigos, y les dije que me esperen que me iba  a arreglar al baño y ahí me vi como Valentina. Después fui al registro civil a pedir la rectificación de mi partida de nacimiento y cuando llego fue como una emoción, no podía conmigo, ese día fui sola quise hacerlo sola, lloré, me emocioné  y a la primera persona que se lo conté fue a mi mamá y me contestó te felicito hijo y yo me reí y le dije, soy hija mamá, y me dice a bueno perdón ya me voy a ir acostumbrando. Y cuando me otorgaron el DNI empecé a vestirme como Valentina”

“Mi vida cambió a partir del día que Valentina salió a la luz, fue mágico, no fui más feliz que hasta ahora, a veces me encuentro sola, tomando un café, o si me enojo con alguien y digo de qué me quejo, tengo la vida que siempre quise tener, y tengo que vivir el ahora. Estoy agradecida con la ciudad, con Dios, creo mucho en las energías y si no hubiésemos venido a Río Grande, esto no hubiese sido posible, muchas personas me dicen a diario que les encanta como soy, que me felicitan, y cuando no lo hacen también me parece válido, lo entiendo y lo acepto, porque no tiene que ver con mi condición, tiene que ver con sus creencias”.

Las historias en el camino son también una palabra de aliento “A quienes hoy estén pasando por una situación similar les diría que se preparen que junten mucha fuerza porque no es fácil, es bastante difícil en realidad, pero es más difícil cuando existe la ignorancia, recién este año la OMS sacó de la lista de enfermedades a los transexuales, poniéndolo en el lugar de condición humana, mirá los años que pasaron, por eso siempre digo, soy una bendecida”.

Un lugar que la supo abrazar diferente “Río Grande es una oportunidad, fue la oportunidad de salir adelante, de tener un trabajo digno, antes yo pensaba que si yo hacia la transición tenía que vivir mi vida como una prostituta porque lo que representaba para nosotros el transexual  era eso, era ignorancia porque uno no sabe, cuando estudié, aprendí, me preparé ahí entendí que no era nada de eso, que muy por el contrario gracias a estar hoy acá puedo decir que soy Valentina, una mujer independiente, segura, preparada, que he conseguido todo con mucho esfuerzo entonces eso es Río Grande, es la oportunidad de ser mi mejor versión”.


 

 

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