“Caminar las calles de Río Grande, es caminar las calles de toda mi vida”

Los espacios geográficos van mutando, se van reconvirtiendo, la contribución de las construcciones sociales aporta una significación importante en la conformación del territorio. De la mano de la docente Sara Pindek recorremos un poco de la primera infancia, la adolescencia y el mundo adulto en Río Grande.

Sara nace en la provincia de Buenos Aires y desde muy pequeña llega con su familia a comenzar su vida en Río Grande “Mi papá llega de la mano de Hitachi, el trabajaba en Ranser en Buenos Aires, y le proponen venir como técnico electrónico para montar la planta acá, que estaba en Irigoyen y a fines del 79 viene mi papá y al tiempo vinimos nosotros. Nos mudamos en la casa de los Varas que estaba en San Martin 1057, ahí vivimos durante diez años, la casa tenia uno de los pocos teléfonos que habían en Río Grande, si alguien quería comunicarse hasta entonces hacia el continente había que ir a hablar por Entel, recuerdo que el numero era el 301”.

Los primeros años “Yo hice el jardín, sala de 4 en la Escuela N°2, hasta séptimo grado y después la secundaria en la CEPET. Hoy mis papás tienen su casa acá y nosotros llegamos de muy chiquitos, mi hermana la mas chica nació acá, el 05 de agostó de 1982, así que vivimos toda la guerra de 1982, situación muy fuerte para toda la comunidad”

Apelamos a su memoria para que nos cuente cómo era la infancia en la ciudad "Acá era afuera, obviamente que Río Grande era mucho más chiquito, yo vivía sobre calle San Martin entre Fagnano y Don Bosco y el transito era nada que ver con lo que es hoy, todos nos conocíamos, en la circulación por la ciudad, sabíamos quién era quién y el juego era en la calle, jugábamos a muchas cosas, escondidas, estábamos todo el día afuera sobre todo en verano que el sol se oculta tarde, entrabamos para cenar. La verdad es esa, y en invierno también, el jugar el correr, no te hacía sentir frío. Otra de las cosas que hacíamos era ir al Centro Deportivo, donde hoy está el Alem, eso era una zona libre, como un patio al exterior, y ahí buscábamos los patines que el mismo centro nos daba y patinábamos, había que ser socio, pero no habían tantas actividades privadas extraescolares, entonces todos nos hicimos en los talleres municipales, no existía el cono de sombra, si el gomon, peligroso. En verano ir al Cabo Domingo, treparse, armar muñecos de nieve, mucho juego imaginario, recuerdo los juegos de pandilla en nuestro caso los Morgan que eran nuestros vecinos y los Chenú y jugábamos y siempre en la manzana”.

El campo desde entonces era turismo de fin de semana asegurado “Ir a algún lugar del campo, por ejemplo la herminita que hoy está cerrado por los estancieros, tantos incendios, tanta mugre, pero antes era habitual en Río Grande ir a pasar el día al campo, la antena era el lugar de los campamentos estudiantiles en secundaria".

La adolescencia buscaba sus lugares de esparcimiento "Era salir a dar una vuelta por la plaza Almirante Brown, en aquel entonces tenía más verde, y después empezó el boliche, había matiné, en Alcatraz, después la Morena, Palpala después Chocolate, y bueno eran como los lugares de encuentros y reuniones en casa con los más íntimos, era sí como más sano, juegos de mesa, el tránsito de la secundaria no estaba asociado en aquel entonces específicamente a tomar alcohol, era más a jugar a juegos, al truco también. Otro de los divertimentos eran los campamentos de la municipalidad en el verano íbamos a lo que hoy es ver las hosterías destruidas, el Lago Escondido, el Lago Yehuin y hoy está todo venido a menos, San Pablo entre otros”

Sobre el gran impacto poblacional en la ciudad reflexiona “La década de los 90, año 94 con la gente que vino, el crecimiento exponencialmente que se multiplicó, la diversidad de acentos y costumbres y los que estábamos hace mucho tiempo lo sentimos como una invasión porque además se sentía ese mandato de que ellos sabían cómo se hacían las cosas y nosotros las veníamos haciendo mal, yo era adolescente pero no puedo escapar a esa percepción, que el médico que estaba era malo, el kiosco era con mucha influencia chilena, todo como cuestionándolo y trayendo la mejor cosa y después más cerca del 2000 creo que lo que más molestó, es que esa gente que vino no echó raíces entonces muchas iban y venían y los que estábamos acá los que elegimos, dolía el desarraigo, eso molestó mucho, después Río Grande creció un montón”.

Hoy Sara transita su vida entre aulas de la ciudad, es una reconocida docente y primordialmente su familia, el motor que la impulsa día a día, su marido Gonzalo y sus hijos Mateo y Melissa. Al ser consultar sobre el futuro de la ciudad y la población epresa “A mí me preocupa, porque lo que más me duele es ver que hay chicos que nacieron en esta ciudad y en la provincia y no la aprecian y siento que si uno no quiere el lugar en donde está no va a hacer nada y da lo mismo todo, entonces un lugar natural que se ha visto modificada por la acción del hombre y un desinterés absoluto, sobretodo de la juventud, quienes nacieron acá. En ese marco creo que la escuela tiene un lugar central pero una de las dificultades es que el plantel es diverso, tiene estas historias de desencuentros de raíces, ese estar acá pero pensando en el allá, el escuchar no yo ni loco me compro un terreno acá y eso es no echar raíces y la educación no es enseñar la geografía o el relieve de la provincia, las reservas, es algo que va mas allá, es algo que es necesario sentir, y eso se enseña, hay muchos profes que nos conocemos desde hace años pero a veces son más los que vienen por una oportunidad y creo que es una materia pendiente todavía, creo que es algo que hay que fortalecer para poder pensar en el hoy y el mañana.

Al preguntarle sobre qué es Río Grande, hace una pausa profunda, en donde no puede esconder la emoción y contesta “Es el lugar donde está mi vida, caminar las calles de Río Grande, es caminar las calles de toda mi vida, y me emociona porque apuesto al futuro, el lugar donde yo crecí, poder sumarle algo mas, es un lugar natural que creo que tenemos que seguir peleando por eso, es un lugar tranquilo, yo crecí en un lugar más tranquilo del que es hoy, entonces me enoja el ver inseguridad o el desconocimiento que hay entre las personas, Río Grande me dio lo suficiente como para no querer ir a probar a otro lado, sino para seguir apostando y tratar de seguir ayudando a que se siga sosteniendo, a crecer y a los que elijen quedarse que sea un buen lugar para vivir”.

Su anhelo final "A mi me encantaría poder pensar en la comunidad de Río Grande como una comunidad cristalizada y definida creo que todavía nos falta y tiene que ver con eso de ir y venir, me encantaría pensar en un futuro donde cada vez mas los chicos que son de acá elijan quedarse y eso va a hacer mas comunidad y que defina mas el factor humano, porque la naturaleza está".


 

 

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